Carta de la seño Yorlinis

Querida comunidad del Centro Educativo Catalina:
Hoy me dirijo a ustedes con el corazón rebosante de gratitud y una mezcla de sentimientos que solo los años y las vivencias compartidas pueden cultivar. Cerrar un capítulo de 16 años no es tarea fácil, especialmente cuando este lugar fue mucho más que mi lugar de trabajo; se convirtió en mi segundo hogar y el escenario donde crecí como mujer, madre y maestra, mi escuela de vida.
Un agradecimiento desde el alma
A Catalina Palacios (Coordinadora y fundadora): Gracias por ser el pilar de mi crecimiento integral. De usted no solo aprendí la excelencia profesional, sino algo mucho más profundo: el temor a Dios y la vida espiritual. Sus enseñanzas sobre la prudencia y el manejo del carácter transformaron mi esencia. Gracias por impulsarme, incluso en lo personal, animándome a dar pasos tan importantes como el matrimonio. Su sabiduría dejó una huella imborrable en mi fe.
A la directora Elsy Gloria Palacios: Gracias por cada palabra de aliento y cada consejo oportuno. Siempre recordaré con cariño su interés genuino por mi bienestar y sus constantes consejos para encontrar la estabilidad y el compañero de vida que hoy tengo. Su guía fue el bálsamo que muchas veces necesité.
A mi gran amiga, Rocío Palacios: Gracias por detenerme cuando iba a marcharme a una ciudad desconocida y por creer en mí al pedirme esa hoja de vida para la institución de tu tía. Cambiaste mi destino y el de mi hijo, y eso es algo que nunca olvidaré.
A la seño Dilia: Gracias por su instinto protector y sus cuidados. Nunca olvidaré sus remedios caseros y esas aromáticas que me sanaban el cuerpo y el espíritu.
A mi equipo de batalla: Yinny Rodríguez y Darlin Mena, trabajar con ustedes fue un regalo de la vida. Construimos un equipo basado en el amor, el crecimiento académico y el acompañamiento mutuo.
A mis compañeras y compañeros: Zuely, Paula, Yeniffer, Rocío, Arisaleny, Jhennifer, Williams, Fernando, Tatiana, Estefanía, Leonor, Nerlin, Vivian, Hernela, Liliana, Sandra e Inés; gracias por las risas, el apoyo en los días difíciles y por ser familia durante más de una década.
A doña Virginia: Gracias por ser voz de sabiduría en el momento justo. Sus consejos fueron un apoyo fundamental en mis jornadas.
Un hasta luego, no un adiós
Me voy con la satisfacción del deber cumplido y con la maleta llena de recuerdos maravillosos. El Centro Educativo Catalina siempre tendrá un lugar privilegiado en mi historia. Gracias por permitirme crecer, por enseñarme a ser madre, profesional y mujer de fe bajo su techo.
Con todo mi cariño y eterna gratitud, ha sido muy difícil para mí esta despedida.
Yorlinis Erika Maturana Castro
L
NotiCatalina: siempre al día, siempre Catalina.
